11 oct. 2010

Estoy harto de seguir paralizado en la cama. Hartísimo. Los días no terminan nunca. La incomodidad de la postura y el brazo escayolado, que me pica tanto que me lo arrancaría. Los minutos no pasan. La única manera de llenarlos es no pensar. Tengo la tele encendida todo el rato porque así me mantengo distraído. Y es que si me concentro en mi cuerpo siento dolor; si me concentro en mis pensamientos siento todavía más dolor. ¿Por qué será que el dolor ha decidido convertirse en mi mejor amigo?

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